Evidencia Científica

Puedes consultar a continuación la Evidencia Científica de los tratamientos

Bajo esta nomenclatura se consideran una diversidad de síntomas vinculados al pobre conocimiento y comprensión de las interacciones sociales, así como déficits en los procesos imaginativos. Como su nombre indica, “espectro” hace referencia a la presentación de esta sintomatología en formas menos graves y problemáticas, a otras que interfieren más en el desarrollo normal de la vida de la persona que lo tiene y su entorno.

Según la última versión del manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-5, APA, 2014) esta presentación sintomatológica se encuadra dentro de los Trastornos del Neurodesarrollo. Mostrando un menor desarrollo en algunas áreas del cerebro o en sus funciones. Tener este trastorno no significa, de manera automática, tener baja inteligencia. Sino que el cerebro funciona, percibe e interpreta de manera diferente..

Es de carácter crónico; sin embargo, se pueden trabajar diversas habilidades para mejorar la calidad de vida del paciente y su círculo social.

 

Las personas que tienen este tipo de trastorno se caracterizan por:

  • Rigidez: hay cierta incapacidad para adaptarse a los cambios.
  • Intereses restringidos: durante determinados períodos de tiempo se interesan de manera exclusiva por algo en concreto, esto luego puede cambiar a otra cosa, pero el interés en ello es casi obsesivo.
  • Carencia de contacto visual: las interacciones las realiza casi sin mirar a los ojos. Asimismo, no hay una comprobación de la mirada del otro cuando se señalan cosas necesarias.
  • Dificultades para entender el pensamiento abstracto.
  • Literalidad lingüística: poca o nula comprensión de chistes, metáforas, dobles sentidos, etc.
  • Dificultades para el establecimiento y mantenimiento de interacciones sociales.
  • Falta de juego simbólico o imaginativo en la infancia.
  • En algunos casos también puede aparecer retraso en la adquisición del lenguaje o problemas de índole diversa en el área del lenguaje y comunicación.

 

TRABAJO TERAPÉUTICO

Para trabajar sobre este cuadro se han propuesto diversas líneas terapéuticas. Principalmente, se ha propuesto el desarrollo de habilidades sociales, para mejorar toda la sintomatología vinculada al área de las interacciones sociales; así como también entrenamiento parental desde la terapia cognitivo conductual.

Sin embargo, con cada día más evidencia, aparece la opción de trabajar estos casos desde el Neurofeedback. Encontrándose mejoras significativas en procesos atencionales, del funcionamiento perceptivo, la flexibilidad cognitiva y las funciones ejecutivas; mejorando, asimismo, a nivel de lenguaje.

Además de las mejoras observadas a nivel de funciones cognitivas, también se han observado mejoras importantes vinculadas a la conducta, disminuyendo los problemas en este campo; así como una mejora a nivel de interacciones sociales(tanto a nivel conductual como de respuesta emocional), consiguiendo mejoras en la interpretación facial de las emociones y la imitación de caras.

Los expertos explican que estas mejoras son posibles gracias a que el entrenamiento en neurofeedback trabaja reduciendo el nivel de hiperconectividad entre diferentes áreas del cerebro.

La mayoría de los autores concuerdan que son necesarias unas 40 sesiones de neurofeedback para ver cambios significativos.

 

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Este trastorno afecta a la capacidad de atender a los estímulos, regular la actividad motora e inhibir el pensamiento o comportamiento.

Según la última versión del manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-5, APA, 2014) esta presentación sintomatológica se encuadra dentro de los Trastornos del Neurodesarrollo. Mostrando un menor desarrollo en algunas áreas del cerebro o en sus funciones.

 

En niños se pueden ver las siguientes características:

  • Fácil distracción y pobre concentración.
  • Habla y sonidos constantes.
  • Cambios de actividad repetidos.
  • Movimiento excesivo e inapropiado, incurriendo en conductas de riesgo (temerarios).
  • Interrupciones, dificultades para esperar, precipitación para responder.
  • Demanda de atención.
  • Poco control emocional.

 

En adolescentes se presenta:

  • Desorganización en las actividades cotidianas.
  • Baja constancia en actividades académicas.
  • Olvidadizos y parecer irresponsables.
  • Sentimientos internos de inquietud.
  • Conductas de riesgo (deportes extremos, consumo de tóxicos, conducción temeraria).
  • Dificultades en las relaciones sociales.

 

Los adultos son:

  • Pobre planificación y organización.
  • Dificultades para acabar el trabajo diario.
  • Sensación de inquietud interna.
  • Búsqueda de actividades no sedentarias, nuevas sensaciones.
  • Cambios frecuentes de trabajo, pareja, grupos de amigos.
  • Dificultades en las relaciones, y el control de las emociones.

 

TRABAJO TERAPÉUTICO

Los tratamientos eficaces en TDAH son el farmacológico y el Neurofeedback. Algunos tratamientos han probado ser eficaces en la mejora de los síntomas asociados, especialmente a nivel de conducta. El que mayor evidencia tiene a su favor y el más usado es el farmacológico; aunque, en los últimos años, se han propuesto otras opciones para evitar los efectos secundarios que suele tener este tratamiento. Dentro de las opciones está el entrenamiento cognitivo de la memoria de trabajo, terapia de conducta, la cognitivo-conductual, entrenamiento en habilidades parentales y un largo etc.

El Neurofeedback ha sido estudiado en este cuadro, posiblemente mucho más que en otras líneas terapéuticas, demostrando mejoras significativas a nivel atencional y mejoras medias en hiperactividad e impulsividad. Las mejoras a nivel de funciones ejecutivas está vinculada, principalmente, a que el entrenamiento se centra en el cortex frontal y prefrontal.

De hecho, esta técnica de tratamiento ha mostrado que es efectiva incluso tiempo después de acabar el entrenamiento; algo que no ocurre con los efectos, por ejemplo, del tratamiento farmacológico. Algunos estudios han mostrado que esta técnica obtiene el mismo tipo de resultados positivos que los fármacos estimulantes en la reducción de la sintomatología propia de este cuadro; sin embargo, como efecto secundario beneficioso, se ha observado que aquellos que realizan tratamiento con neurofeedback  de mejora de funcionamiento interno y externo .

Algunos estudios indican que la combinación de este tipo de intervenciones con otras modalidades, potencia no sólo el efecto sino la permanencia de estos a lo largo del tiempo.

En el tratamiento del TDAH (ya sea con o sin hiperactividad) no sólo trabajamos con sensores corticales, como los de electroencefalografía, sino también con métodos más propios de biofeedback con elementos que ayuden a la mejora de la atención, concentración y focalización, ayudando al lóbulo prefrontal a mejorar su irrigación sanguínea, oxigenación y metabolismo.

 

Fuentes:

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La depresión afecta, fundamentalmente, al estado de ánimo de la persona que la padece. Sin embargo, presenta sintomatología diversa según la edad, características personales, el consumo de tóxicos, circunstancias psicosociales y vitales, entre otros. Ésta, incluso cuando hablamos de cuadros que no llegan al diagnóstico, acarrea consecuencias a nivel cognitivo y en el funcionamiento psicosocial; consecuencias que perduran más allá de la mejora clínica.

Tradicionalmente se ha hablado de dos subtipos de depresión, la unipolar y la bipolar. Es importante, para los profesionales, conocer y valorar cada caso, ya que la diferencia entre ambas situaciones supondrá un abordaje diferente.

El DSM-5 (APA, 2014) contempla diversidad de sintomatología y gradientes que responden a lo que se conoce como depresión, entendiendo por ella sólo la presentación unipolar; incluyendo desde formas leves y que generan poca alteración en la vida de quien lo padece, hasta formas más graves que requieren de intervención farmacológica continuada.

A continuación se encuentran las características principales según subtipos contemplados en el DSM-5 (APA,2014).

 

Desregulación disruptiva del estado de ánimo: este diagnóstico se realiza en niños y adolescentes con edades comprendidas entre los 6 y 18 años, y se caracteriza por una cierta irritabilidad crónica, grave y persistente; que se presenta en forma de arranques de cólera como respuesta a la frustración, pudiendo ser tanto de carácter verbal como conductual. Asimismo, puede presentarse un estado de ánimo irritable o enfadado. Conjuntamente se suelen dar problemas en el entorno social (tanto familiar como de iguales), dificultades en el rendimiento académico, baja autoestima, etc.

Depresión mayor: durante un cierto período de tiempo (al menos dos semanas), se tienen algunas de las siguientes características o todas ellas:

  • Un estado de ánimo depresivo (en los niños puede darse irritabilidad en lugar de tristeza, pero esta irritabilidad no es una respuesta a la frustración). En ocasiones las personas lo describen como triste, desesperanzado, desanimado, “por los suelos”, sentirse “sosos”, con carencia de sentimientos.
  • Hay pérdida de interés o del placer en casi todas las actividades incluyendo a los hobbies habituales, así como poco interés en el contacto social, presentando mayor aislamiento y/o abandono de pasatiempos.  Asimismo, esto puede verse reflejado en una reducción significativa del interés o deseo sexual.
  • Suelen haber cambios en el apetito o peso: pudiendo producirse tanto pérdida como aumento de ambos. 
  • Son frecuentes las alteraciones en el sueño (ya sea dificultades para conciliar y mantener el sueño, como deseo y necesidad de dormir más, incluso dificultades para levantarse de la cama o despertar).
  • Disminución de la energía, cansancio, fatiga incluso cuando no se ha realizado esfuerzo físico.
  • Alteración psicomotriz, tanto por agitación (dificultades para quedarse quieto, para sentarse, caminar, retorcerse, etc.) como por enlentecimiento (movimiento más lentos, aumento de las pausas al contestar, menor volumen de voz, etc.).
  • Sentimientos de inutilidad o culpa que se observa en autovaloraciones negativas, rumiaciones de errores del pasado; suele haber una interpretación errónea de los acontecimientos neutros, interpretándolos como si fuesen consecuencia de defectos personales que se exageran.
  • Dificultades para pensar, concentrarse o tomar decisiones, pudiendo estar más distraídos o con problemas de memoria. Aquellas personas que trabajen con una gran demanda cognitiva pueden ser incapaces de llevar a cabo sus labores. En niños, niñas y adolescentes se puede observar un descenso abrupto de las notas.
  • Pensamientos recurrentes de muerte o ideación y planificación de suicidio que, en ocasiones, llevan a poner en orden los papeles y cuestiones personales. En este apartado se contempla desde el deseo de no despertarse o pensar que el mundo sería un lugar mejor, hasta la ideación y planificación bien estructuradas. 
  • Distimia o depresión persistente: en este caso, la tristeza perdura durante más de dos años o uno en niños, niñas y adolescentes. Un episodio de depresión mayor (como el nombrado anteriormente) puede presentarse como propulsor de la persistencia de la sintomatología depresiva o, incluso, presentarse como recaídas en un estado de ánimo de por sí triste o “por los suelos”.

 

A nivel de neuroanatomía de la depresión, las pruebas de neuroimagen han demostrado una disminución del volumen del córtex prefrontal dorsal, anterolateral, dorsomedial y centrolateral; así como del hipocampo, amígdala y del córtex estriado. Estudios de neuroimagen funcional muestran una disfunción de los circuitos cortico-estriado-tálamo-corticales.

Hay una disminución de la actividad en la corteza prefrontal y una hiperactivación de regiones límbicas en respuesta a estímulos emociones; esto explicaría las dificultades de tipo cognitivas y para regular las emociones.

La regulación de la actividad en la parte anterior de la circunvolución del cíngulo (área Cg25 de Brodmann) mediante estimulación cerebral profunda se ha asociado a una mejora significativa en pacientes con depresión resistente al tratamiento. 

El DSM-5 (APA, 2014) hace una distinción y contempla a las depresiones bipolares como otro capítulo diferenciado; sin embargo, para una buena comprensión de los subtipos que podemos encontrar y que son plausibles de tratamiento las continuaremos en este mismo apartado.

 

Bipolaridad en adultos: a diferencia de la depresión mayor visto previamente, este cuadro presenta episodios de manía o hipomanía. 

Manía: estado de ánimo persistentemente elevado (eufórico, excesivamente alegre), expansivo o irritable (esto suele ocurrir, principalmente, cuando se niegan los deseos de la persona o existe consumo de sustancias), que aparece junto con:

  • Aumento atípico de la energía o el nivel de actividad. Cuando la misma tiene una finalidad concreta, se acompaña de una excesiva planificación. Puede aparecer agitación psicomotriz o elevada inquietud.
  • Entusiasmo ilimitado y caótico en las relaciones interpersonales (más llamadas a los amigos, esfuerzos por recuperar viejas amistades), sexuales (produciéndose un aumento del deseo sexual, fantasías y conductas sexuales) u ocupacionales, involucrándose en muchos proyectos de manera solapada aunque no tenga conocimientos para llevarlos adelante. Asimismo, pueden llevarse a cabo conductas imprudentes (gastos excesivos, regalo de posesiones, conducción temeraria, promiscuidad sexual sin los recaudos necesarios).
  • Menor necesidad de sueño (es clave saber si es que no hay necesidad de dormir o si no se consigue hacerlo pese a la necesidad de conciliar el sueño).
  • Lenguaje rápido, urgente, con tono elevado, que se hace difícil o imposible interrumpir. Suele ser un discurso sin filtros y con poca preocupación por las consecuencias que pueda comportar. Puede haber presencia de chistes, juegos de palabras, teatralidad, cantos, gesticulación excesiva; pero si el ánimo es irritado habrá más quejas, comentarios hostiles o ataques de ira.
  • Los pensamientos suelen ir más rápido de lo que es posible expresar verbalmente, por ello realizan cambios de tema repentinos o se observan discursos desorganizados e incoherentes. Incluso, pueden aparecer ideas delirantes. Asimismo se observa un elevada dispersión, siendo imposible ignorar los estímulos ambientales.

Hipomanía: a diferencia de lo que ocurre con los síntomas maníacos, pese a ser semejantes, los síntomas de hipomanía no suelen generar disfunciones en el discurrir de la vida de la persona; sino que está parece ser más funcional de lo habitual por el nivel de energía elevado que tiene y demás características equivalentes a lo señalado líneas arriba. Sin embargo, el entorno es capaz de apreciar comportamiento errático y fluctuaciones constantes en el estado de ánimo. Hay que estar especialmente atentos a:

  • Impulsividad que puede contribuir a intentos autolesivos y de suicidio, así como al consumo de sustancias.
  • Mayor nivel de creatividad.

 

Bipolaridad infantil: suele ser semejante a la desregulación disruptiva del estado de ánimo que se encuentra más arriba; pero, al igual que en los adultos, se producen ciclos de sintomatología nuclear (depresión y manía o hipomanía).

Manía infantil: en niños suele ser más difícil identificar la sintomatología ya que, por cuestiones de desarrollo, suelen ser más inquietos y hablar más rápido. En este sentido, lo que se debe observar es que haya cambios respecto a cómo habitualmente suele actuar.

  • Empeoramiento de los problemas cognitivos, conductuales y físicos asociados (mayor distracción, inquietud motriz, etc.) en un grado muy superior al estado habitual del niño, niña o adolescente.
  • Si bien es cierto que la alegría y “bobería” en los niños es normal, será necesario valorar si se ha producido un incremento o se dan en contextos inapropiados o no coincidente con el nivel de desarrollo madurativo.
  • Sobreestimación de habilidades, presentando convencimiento sobre ser el/la mejor en algún tipo de actividad que se desarrolle habitualmente (siempre que los resultados en la misma demuestren lo contrario, o que la hazaña que se propone es peligrosa y representa un cambio sustancial a la conducta habitual).
  • Hay involucración en diversas actividades al mismo tiempo, ideación de planes elaborados y poco realistas; asimismo, hay desarrollo de preocupaciones sexuales previamente ausentes e inadecuadas para su desarrollo.

 

Ciclotimia: hay una alteración crónica del estado de ánimo fluctuantes, variando entre síntomas depresivos e hipomaníacos, sin llegar a tener importancia clínica como para hacer un diagnóstico de alguno de ambos. Estos cambios constantes generan afectación en distintas áreas como la social o laboral

 

TRABAJO TERAPÉUTICO

Numerosos estudios hablan de la eficacia de diversas terapias e, incluso, la combinación de diversas de ellas.

Una de las terapias más utilizadas en la farmacológica, disponiendo de diversidad de drogas con métodos de actuación diferentes que permiten reequilibrar el estado de ánimo. Asimismo, se ha utilizado la terapia psicológica desde las diversas vertientes para trabajar las cogniciones, emociones, experiencias y demás variables que explican la sintomatología, ya sea para reducirla o para eliminarla.

Uno de los tratamientos psicoterapéuticos eficaces en Trastorno Bipolar es la aplicación de la terapia EMDR en pacientes bipolares con trauma emocional. En los estudios hechos por el EMDR Barcelona Research Group, se encontró que el procesamiento con EMDR de  los traumas emocionales lograba que los pacientes bipolares tuvieran mayor estabilidad emocional  y menos brotes de manía o depresión.

El entrenamiento con neurofeedback se ha utilizado también para trabajar con personas que vivan con esta patología. Estudios han demostrado que existe, en la zona prefrontal y frontal de la cabeza, una diferencia en la presencia de ondas alfa entre ambos hemisferios; considerando que es uno de los motivos para que se desarrolle sintomatología depresiva, ya que se ha visto en pacientes diagnosticados de depresión mayor, así como en hijos de madres con este diagnóstico.

El trabajo focalizado en modificar estas alteraciones con neurofeedback, se ha visto que genera no sólo la disminución de la sintomatología, sino también la remisión del cuadro en algunos casos. Asimismo, este mismo entrenamiento consigue mejorar el desempeño cognitivo y motivacional de la persona con depresión, ya que potencia la presencia y proliferación de ondas rápidas en el área, haciendo frente a una de las mayores quejas que acarrea el cuadro depresivo.

Este tipo de entrenamiento es muy útil no solo para trabajar sobre la sintomatología, sino que se ha visto que mejora la respuesta en aquellos casos en que debe utilizarse tratamiento farmacológico, aumentando el nivel de respuesta al mismo y la duración de los resultados conseguidos.

 

Fuentes:

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  • Requena Varón, E. (2015). Trastornos bipolares. En Jarne, A., y Talarn, A. (comps.). Manual de Psicopatología Clínica (pp. 430-452). Barcelona, España: Herder Editorial, S.L.
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  • Valiente-Gomez, Alicia (2019) Theoretical Background and Clinical Aspects of the Use of EMDR in Patients With Bipolar Disorder Journal of EMDR Practice and Research, vol 13, issue 4
  • Vieta Pascual, E. y Pérez Sola, V. (2019). Depresiones bipolares y unipolares: qué hacer en los paciente que no responden suficientemente a los tratamientos habituales (2ª ed.). Madrid, España: Editorial Médica Panamericana.

Esta es una afección muy común que está presente entre el 2 y el 5% de la población, encontrándose que el 80% de las personas diagnosticadas son mujeres.

El diagnóstico se basa en datos clínicos, siendo síntoma principal el dolor en huesos, músculos o articulaciones; el mismo puede acompañarse de una sensación de hinchazón. Es importante saber cuándo han comenzado los episodios de dolor, si es después de un traumatismo físico o emocional, o una infección.

El dolor de la fibromialgia queda modulado por la tensión emocional, la calidad del sueño la noche anterior, el clima o el ciclo menstrual. 

El cansancio es otra característica en las personas que padecen fibromialgia; siendo una fatiga que no mejora con el reposo. Presentando también dificultades para dormir, que se traduce en despertar con más cansancio del registrado la noche anterior; suele haber despertares nocturnos.

También pueden darse los siguientes síntomas:

  • Entumecimiento matinal
  • Trastornos cognitivos: problemas de memoria (de trabajo: almacenamiento inmediato de cifras, palabras o frases; episódica: recuerdo de eventos o episodios particulares; y semántica: identificación del significado de palabras) y concentración o atención. Los procesos cognitivos están fuertemente vinculados a la intensidad del dolor.
  • Mareo
  • Síndrome de Intestino Irritable
  • Estado de ánimo: frecuentemente se observa ansiedad y/o depresión; por ello es importante valorar si está presente y su gravedad. En ocasiones, se observa personalidad obsesivo-compulsiva y alexitimia (incapacidad para identificar y expresar emociones).

 

Fuentes:

  • Martínez Lavín, M. (2012). La ciencia y la clínica de la fibromialgia: Manual práctico para profesionales de la salud. México D.F, México: Editorial Médica Panamericana, S.A.

Trastorno vascular súbito que genera alteraciones encefálicas. Los déficits que provoca pueden englobarse en seis áreas diferentes: motora, sensitiva, visual, de lenguaje o comunicación, cognitiva o intelectual, y emocional. Todas estas alteraciones tienen un gran impacto en la vida y calidad de vida de la persona que lo vive y en su entorno.

Una de las consecuencias más comunes es la hemiparesia, la cual puede generar daño de manera permanente en la movilidad de miembros tanto superiores como inferiores.

El objetivo principal en la rehabilitación de las personas que hayan tenido un ictus es desarrollar su máximo potencial físico, psicológico y social. Es importante que se realice una reorganización de las conexiones cerebrales para la recuperación funcional.

En esta patología, el daño cortical o subcortical interrumpe las conexiones entre los músculos periféricos y la corteza sensoriomotora.

Fuentes:

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  • Mrozckowska D, Biolkowska J, Rakowsa A. Neurofeedback as suportive therapy after stroke. A case reporte. Postepy psychiatrii|neurologii. 2014; 23(4): 190- 201.

En ocasiones, las personas sentimos miedo (respuesta emocional a una amenaza inminente, real o imaginaria) o ansiedad (respuesta anticipatoria a una amenaza futura real o imaginaria); o, incluso, podemos experimentar ambas ya que sus respuestas se solapan. Estas emociones generan procesos de activación autónomos que son necesarios para la acción, acompañados de pensamientos de peligro inminente y conductas de huida. Este miedo o ansiedad, lejos de ser adaptativo, se caracteriza por ser excesivo en personas diagnosticadas con Trastorno de Ansiedad. Este puede tener cogniciones diferentes, o estar enfocado a objetos/situaciones diferentes.

La ansiedad puede aparecer a edades muy tempranas y cronificarse si no se trabaja adecuadamente y a tiempo.

Por este motivo, y para respetar el orden en que quedan presentados en el DSM-5, los presentaremos teniendo en cuenta la edad típica de desarrollo en la que suelen aparecer.

Trastorno de ansiedad por separación: caracterizado por una ansiedad excesiva al alejarse del hogar o las personas a quienes la persona está vinculada. Esta situación no se circunscribe a una ocasión determinada, sino que es habitual. Predomina la preocupación por el bienestar de las personas por las que se siente apego, llegando a necesitar confirmaciones constantes sobre el bienestar de estos. El miedo porque la separación sea real es tal que la persona tiene miedo que le pase algo que lleve a no ver más a las figuras de apego. Generalizándose, en ocasiones, a la incapacidad de estar solo en habitaciones de la propia casa.

Mutismo selectivo: se caracteriza por una dificultad para las interacciones sociales caracterizada por no iniciar el diálogo o por no responder recíprocamente; sin embargo, quienes lo tienen son capaces de hacerlo en sus domicilios con sus familiares directos.

Fobia específica: es un miedo o ansiedad muy intensos a objetos o situaciones claramente definidos, ya sea a la presencia de este o a la anticipación de la misma. Estas sensaciones generan un malestar muy intenso que desencadena poner en funcionamiento estrategias de huida. Algunas de las más comunes son a insectos o animales, a las alturas, agujas o sangre, al avión, etc.

Trastorno de ansiedad social (fobia social): son las situaciones sociales las que generan un marcado e intenso miedo o ansiedad. Estas sensaciones deben presentarse tanto en interacciones con superiores o adultos, como con personas equivalentes en edad y/o cargo. Suele estar acompañado de sudoración, enrojecimiento, etc. En ocasiones, la persona que lo vive, la sintomatología aparece no sólo como una respuesta a una situación real, sino a una anticipación.

Trastorno de pánico: ataques de pánico (oleada repentina de miedo o malestar intenso que se acompaña de diversos síntomas físicos alcanzando su máximo en pocos minutos) inesperados y recurrentes. Suelen generar, en la persona que los vive, la sensación de riesgo vital inminente. Estos ataques de pánico generan un elevado nivel de inseguridad en la persona, interfiriendo en su funcionamiento habitual en diversos ámbitos.

Los ataques de pánico pueden tener los siguientes síntomas físicos:

  • Palpitaciones, aceleración de la frecuencia cardíaca.
  • Sudoración.
  • Temblores o sacudidas.
  • Sensación de dificultades para respirar.
  • Sensación de ahogo.
  • Dolor o molestias toráxicas.
  • Naúseas.
  • Sensación de mareo, inestabilidad, desmayos.
  • Alteración térmica (escalofríos o calor).
  • Entumecimiento u hormigueo.
  • Sensación de irrealidad o de no ser uno mismo.
  • Miedo a perder el control o a volverse loco.
  • Miedo a morir.

Agorafobia: el miedo o ansiedad fuerte está provocado por la exposición real o anticipatoria a diversas situaciones, que incluye el uso de transporte público, estar en espacios abiertos o cerrados, estar en una multitud, o estar fuera de casa sin compañía. Estas situaciones suelen generar pensamientos que algo terrible puede ocurrir y acompañarse de los síntomas de ataque de pánico ya descritos.

Trastorno de ansiedad generalizada (TAG): se caracteriza por una ansiedad o preocupación excesiva por diversos acontecimientos o actividades. Tal preocupación presenta dificultades para controlarla, interfiriendo en las actividades inmediatas y la atención que se le presta a ellas. A su vez, está acompañada de síntomas como inquietud, nerviosismo, facilidad para fatigarse, problemas de concentración o para tener la mente en blanco, irritabilidad, tensión muscular, problemas para dormir.

Finalmente tenemos los trastornos de ansiedad que aparecen como respuesta a un sustancias o medicamentos, o aquellos vinculados a afecciones médicas.

TRABAJO TERAPÉUTICO

 

Fuentes:

  • American Psychiatric Association. (2014). DSM-5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed.). Madrid, España: Editorial Médica Panamericana.
  • Castillo-Garayoa, J.A. (2015). Trastornos de ansiedad. En Jarne, A., y Talarn, A. (comps.). Manual de Psicopatología Clínica (pp. 257-280). Barcelona, España: Herder Editorial, S.L.
  • Rigat Cererols, A., y Talarn Caparrós, A. (2015). Introducción a la psicología infantil. En Jarne, A., y Talarn, A. (comps.). Manual de Psicopatología Clínica (pp. 639-700). Barcelona, España: Herder Editorial, S.L.

Es uno de los trastornos psiquiátricos que mayores dificultades e inconvenientes puede causar en el normal discurrir de la vida de una persona. Se caracteriza, fundamentalmente por la presencia de obsesiones (pensamientos, imágenes o impulsos) y compulsiones (conducta o actos mentales) de manera repetitiva y persistente. En ambos casos, son involuntarias, intrusivas, no deseadas y causan malestar o ansiedad en la persona que las vive. En general, la persona afectada por las obsesiones intenta desestimarlas o neutralizarlas. Las compulsiones suelen estar íntimamente relacionadas con las obsesiones y aparecen como un intento de calmar el malestar que estas generan. El malestar principal queda fijado a la idea de catastrofismo.

Son un grave problema porque consumen un elevado tiempo vital de la persona que las padece e, incluso, pueden interferir constantemente en sus rutinas.

Algunos de los TOCs más habituales son:

  • Limpieza
  • Simetría
  • Pensamientos prohibidos y tabú
  • Daño

Dentro de la clasificación que hace el DSM, incluye dentro del mismo capítulo otro tipo de trastornos que tienen algunas equivalencias diagnósticas como lo son:

Trastorno dismórfico corporal: las obsesiones se manifiestan en forma de preocupaciones por la apariencia física; viéndose feos, poco atractivos, anormales o deformes. Producto de estas preocupaciones se llevan a cabo conductas o actos mentales que tienden a calmarlas, consumiendo mucho tiempo y siendo difícil resistirse a ellas.

Trastorno de acumulación: dificultad persistente para deshacerse o separarse de posesiones, más allá del valor real que las cosas en cuestión tengan. Estas personas sienten un malestar muy elevado al intentar desecharlos. Es un problema grave ya que, la compulsión de guardarlo todo, puede llevar a abarrotar áreas vitales impidiendo el normal uso y funcionamiento de tales zonas. 

Tricotilomanía: consiste en el acto recurrente de arrancarse el propio pelo, de cualquier parte del cuerpo. Estas personas lo hacen de manera tan sistemática que acaban perdiendo el pelo de diversas zonas de su cuerpo.

Trastorno de excoriación: rascado recurrente de la propia piel, sin importar en qué zona del cuerpo ocurra. Además del rascado puede haber frotamiento, presión, punción y mordedura de la piel que implica una cantidad significativa del tiempo vital realizando estas acciones. Tales conductas generan lesiones en la piel que se intentan camuflar.

Aquellos inducidos por sustancias o medicamentos o por otras afecciones médicas: en donde los síntomas aparecen como respuesta a la aplicación de un fármaco o producto del diagnóstico de una enfermedad, pero una vez pasada la fase aguda o cuando se deja de administrar el fármaco  los síntomas remiten.

 

TRABAJO TERAPÉUTICO

Suele recomendarse tratamiento farmacológico con antidepresivos y/o ansiolíticos, el cual tiene una eficacia limitada. A nivel de tratamiento psicológico la terapia que mayor evidencia a su favor ha demostrado es la terapia cognitivo-conductual. También se utilizan  terapias de tratamiento de trauma emocional, EMDR,  en el que se tratan partes emocionales disociadas, responsables de los síntomas obsesivos-compulsivos. El tratamiento de la disociación de las partes emocionales da un resultado muy efectivo en esta patología.

Asimismo se emplea, y ha empleado, la neurocirugía en casos extremos de TOC. Las limitaciones que presentan estas técnicas, tanto a nivel de adherencia como efectividad y seguridad, han fomentado la búsqueda de otras alternativas de tratamiento.

Estudios funcionales y morfológicos han demostrado que existe una alteración en la actividad orbitofronto-estriatal que se encuentra hiperactivada, incluyendo estructuras corticales y subcorticales del área orbitofrontal y cingulado (ganglio basales, hipocampo y amígdala). Evidenciándose una actividad anormal durante condiciones de descanso, así como tareas cognitivas/ejecutivas y emocionales.

El entrenamiento con neurofeedback ha probado técnicas semejantes a las utilizadas en depresión, como es el trabajo con las ondas alfas, encontrando una mejora en la respuesta a los fármacos que estaban siendo administrados. Las mejoras que se han observado en estos pacientes es observable en estudios de resonancia magnética funcional incluso semanas y meses después de haber acabado el entrenamiento. Algunos estudios demuestran que se puede predecir la respuesta al tratamiento farmacológico según los patrones observables en qEEG.

Algunos estudios apelan a la utilización de técnicas de biofeedback, no sólo neurofeedback, para poder ser utilizadas en ámbitos cotidianos, consiguiendo mejoras más ecológicas (mejoras adaptadas a las situaciones cotidianas del paciente). La utilización de estas quedaría justificada por las modificaciones que se generan a nivel del sistema nervioso autónomo. En el caso concreto que nos concierne, la activación genera un incremento en la actividad cardíaca y respiratoria, así como un aumento en la frecuencia de las ondas observadas por un EEG.

Fuentes:

  • American Psychiatric Association. (2014). DSM-5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed.). Madrid, España: Editorial Médica Panamericana.
  • Ferreira, S., Pêgo, J.M., y Morgado, P. (2019). The efficacy of biofeedback approaches for obsessive-compulsive and related disorders: a systematic review and meta-analysis. Psychiatry Research, 272, 237-245.
  • Gonçalves, O.F., Batistuzzo, M.C., y Sato, J.R. (2017). Real-time functional magnetic resonance imaging in obsessive-compulsive disorder. Neuropsychiatric Disease and Treatment, 13, 1825-1834.
  • Grau Fernández, A. (2015). Obsesiones. En Jarne, A., y Talarn, A. (comps.). Manual de Psicopatología Clínica (pp. 325-349). Barcelona, España: Herder Editorial, S.L.
  • Hammond, D.C. (2003). QEEG-Guided neurofeedback in the treatment of obsessive compulsive disorder. Journal of Neurotherapy, 7(2), 25-52.
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  • Hammond, D.C. (2005). Neurofeedback with anxiety and affective disorders. Child and adolescent psychiatric clinics of North America, 15, 105-123.
  • Koprivová, J., Congedo, M., Raszka, M., Prasko, J., Brunovsky, M., y Horácek, J. (2013). Prediction of treatment response and the effect of independent component neurofeedback in obsessive-compulsive disorder: a randomized sham-controlled, double-blind study. Neuropsychobiology, 67, 2010-223.
  • Marsden, Z (2017) A randomized controlled trial comparing EMDR and CBT for obsessive–compulsive disorder, Clinical Psychology and Psichotherapy https://doi.org/10.1002/cpp.2120
  • Marr, J (2012) EMDR Treatment of Obsessive-Compulsive Disorder: Preliminary Research
  • Journal of EMDR Practice and Research  Vol 6  Issue 1
  • Nazari, H (2011) Comparison of eye movement desensitization and reprocessing with citalopram in treatment of obsessive–compulsive disorder, International Journal of
  • Psychiatry in Clinical Practice, https://doi.org/10.3109/13651501.2011.590210
  • Schoenberg, P.L., y David, A.S. (2014). Biofeedback for psychiatric disorders: a systematic review. Applied Psychophysiology and Biofeedback, 39, 109-135.

En este tipo de trastornos es la aparición de un evento traumático o estresante de manera repentina el que genera la sintomatología. Sin embargo, es dable destacar que no todas las presentaciones sintomatológicas devenidas de un evento traumático tendrán la misma entidad o características, siendo muy particular en cada caso.

Teniendo en cuenta la diversidad de eventos plausibles de generar presentaciones sintomáticas, a continuación se describen los diversos cuadros:

Trastorno de apego reactivo: se da durante la primera infancia, y se caracteriza por conductas de apego inadecuadas para el desarrollo, donde el niño o niña en raras ocasiones recurre a una figura de apego para recibir apoyo o protección. A su vez, hay una expresión disminuida de emociones positivas durante las interacciones con los progenitores. Asimismo, hay presencia de dificultades para la regulación emocional, mostrando miedo, tristeza, irritabilidad que no tienen un nexo claro.

Trastorno de relación social desinhibida: se caracteriza por un comportamiento culturalmente inapropiado, demasiado familiar. Generalmente se acompaña de retrasos en el desarrollo, así como señales de negligencia.

Trastorno de estrés postraumático (TEPT): los síntomas, que pueden ser muy diversos, aparecen después de una situación traumática. Entendemos por esta última cualquier evento trágico repentino, tanto de origen natural como interpersonal o accidental. Encontrándose que, en ocasiones, la severidad y duración de los síntomas está relacionado con la gravedad e intencionalidad del acontecimiento traumático, así como de su prolongación a lo largo del tiempo. Los síntomas pueden ser miedo o reexperimentación de lo ocurrido, estados de ánimo depresivos, también puede haber excitabilidad, o síntomas disociativos (desconexión entre lo que se dice en el relato y las emociones expresadas). Algunos de los síntomas más comunes los describiremos a continuación:

  • Reexperimentaciones son la revivencia de la situación traumática o partes de ellas que aparecen de manera intrusiva en los pensamientos de la persona. Estos recuerdos, sin embargo, pueden estar acompañados de sensaciones perceptivas y físicas, así como de emociones diversas. En ocasiones, estas reexperimentaciones aparecen dentro del discurrir del sueño.
  • Evitación de estímulos asociados al trauma. Ya sea que se evitan los pensamientos, hablar sobre el tema, o actividades, situaciones o personas que favorecen el recuerdo.
  • Alteraciones cognitivas, como la incapacidad para recordar algún aspecto importante del evento (siempre que no haya habido un traumatismo que pueda explicarlo); así como la presencia de expectativas negativas, muchas veces asociadas a la confianza. Otra alteración cognitiva recurrente es la vinculada a la interpretación de las causas, tendiente a generar sensación de culpa en la víctima. A su vez, estas pueden favorecer que la persona presente un interés y participación en actividades cotidianas muy inferior al que presentaba previo el acontecimiento traumático, llevando al aislamiento y la incapacidad para sentir emociones placenteras.

 

TRABAJO TERAPÉUTICO:

La combinación de tratamiento farmacológico y psicoterapia es la más utilizada; sin embargo, no siempre es efectiva, observándose que un buen número de pacientes no responden adecuadamente a esta estrategia de intervención.

Actualmente existen diversas intervenciones psicoterapéuticas focalizadas en trabajar los diversos aspectos del trauma. Ellas son la terapia narrativa en entrenamiento de habilidades en la regulación afectiva e interpersonal, la terapia cognitiva para el TEPT, la terapia narrativa de exposición, la terapia de exposición prolongada, la psicoterapia ecléctica breve para el TEPT, la terapia de procesamiento cognitivo, la terapia cognitivo conductual focalizada en el trauma, y la terapia EMDR.

En lo últimos años, estudios han permitido observar que alteraciones en la triple red (autorreferencial, ejecutiva y regulación somática) inciden en el desarrollo y gravedad de los síntomas. Valorándose la necesidad de trabajar estas redes desde el neurofeedback.

 

Fuentes:

  • American Psychiatric Association. (2014). DSM-5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed.). Madrid, España: Editorial Médica Panamericana.
  • Cohen, J.A., Mannarino, A.P., y Deblinger, E. (2017). Treating trauma and traumatic grief in children and adolescents. (2nd ed.). New York, USA: The Guilford Press.
  • Jiménez-Muro Franco, A., y Abenia Abenia, M.I. (2018). Eficacia del neurofeedback en el trastorno de estrés postraumático en población adulta. Una revisión sistemática. Cuadernos de Neuropsicología/Panamerican Journal of Neuropsychology, 12 (1), 42-54.
  • Kluestsch, R.C., Ros, T., Théberge, J., Frewen, P.A., Calhoun, V.D., Schmahl, C., Jetly, R., y Lanius, R.A. (2014). Plastic modulation of PTSD resting-state networks and subjective wellbeing by EEG neurofeedback. Acta Psychiatrica Scandinavica,130, 123-136.
  • Pereda Beltrán, N., Pérez-González, A., y Arch Marin, M. (2015). Trastornos relacionados con el trauma, el estrés y la adaptación. En Jarne, A., y Talarn, A. (comps.). Manual de Psicopatología Clínica (pp. 281-302). Barcelona, España: Herder Editorial, S.L.
  • Schnyder, U., Ehlers, A., Elbert, T., Foa, E.B., Gersons, B.P.R., Resick, P.A., Shapiro, F., y Cloitre, M. (2015). Psychotherapies for PTSD:what do they have in common?. European Journal of Psychotraumatology, 6, 28186.